domingo, 13 de noviembre de 2022

Bodega de Antonio UCOTICH.

 


Bodega de Antonio UCOTICH.

El desarrollo pujante del Alto Valle de Rio Negro y Neuquén tiene que ver indudablemente con el fenómeno de la inmigración.
Don Antonio Ucotich era un inmigrante oriundo del pequeño pueblo de Bol, localizado en la isla de Brač, archipiélago de las islas dálmatas en la península balcánica, Croacia, e integrante de la antigua colectividad yugoslava reginense; persona austera y sin egoísmo, de palabras escasas, que había encarado la actividad vitivinícola como productor – elaborador a principios de la década de los años ´40. Era una persona que tenía incorporado el vino a su dieta alimenticia y el viñedo al paisaje de su tierra natal.
Don Antonio desposado con doña Marina Schulatz formaron una unión indisoluble que coronó de hijos el hogar, constituyendo una gran familia.
Hundiendo sus manos en la tierra implantó los barbados de vid e instaló las espalderas como sistema de conducción cultural de su viña; habiendo implantado una pequeña parcela de la variedad Refosco d’Istria, cepa croata con la que en su país elaboraban un vino tinto de color intenso, buen cuerpo y que no mejora con el envejecimiento; el resto del viñedo estaba integrado por variedades típicas del encepado patagónico entre las cuales se destacaba la Balsamina, una cepa endémica de nuestra región.
Posteriormente, emplazó una pequeña bodega que se hallaba identificada en el Registro de Bodegueros de la Dirección de Vinos del Ministerio de Industria y Comercio de la Nación bajo el N° 1164 – A, ubicada en el sector rural del ejido municipal de Villa Regina.
En la inauguración de la misma don Antonio, reunido en simposio (es decir: beber juntos) con sus connacionales, entre ellos Toncovich, Petrucich, Milohanich, Zudich y Zovich, tras ahogar su trémula voz en el corazón de una copa de clarete expresa:
Beban vino ¡Perenne fortaleza de los vivos!
¡Zdravstveni drugovi! (¡Salud camaradas!)
Don Antonio recordaba que en la Alta Edad Media la vid y el vino se convirtieron en atributos de la condición social de las nuevas élites surgidas en el Norte de Europa.
Era una persona bondadosa, dinámica, que no escatimaba el trabajo arduo. Iniciaba su jornada laboral cuando poco a poco sobre las sombrías alamedas asomaba la primera luz del amanecer.
En ciertas ocasiones la nostalgia residual le hacía brotar retazos de su infancia y la imagen de sus padres, tíos y abuelos inclinados sobre los lujuriantes pámpanos de la vid y sus racimos de uva.
Ha elaborado vino de mesa clarete, el de mayor consumo en esa época en la región, que envasaba en bordelesas y lo expendía con la marca comercial ANTONIO UCOTICH.
Esta bodega dio de baja su actividad vitivinícola ante el Instituto Nacional de Vitivinicultura en el año 1962.

Autor: Federico Witkowski.

Afiches y bordalesas de vino de la Patagonia Norte Facebook.
Imagen:

Federico Witkowski.

Afiches y bordalesas de vino de la Patagonia Norte Facebook.

viernes, 11 de noviembre de 2022

Monseñor Esandi y los colonos de Regina. Por Pantaleone Sergi.


PANTALEONE SERGI.

Incluso el papa Pío XII estuvo interesado en el conflicto entre los colonos de Villa Regina y la Compañía Ítalo-argentina de Colonización, la Ciac, un conflicto que durante muchos años marcó la dramática vida de una colonia que se había presentado como un “modelo fascista de emigración”. El pontífice habría tenido que interceder, diciendo “media palabra” a Mussolini, “Bendito Primer Ministro de Italia” (el juicio y el despliegue de mayúsculas son del obispo de la Patagonia), a favor de las familias campesinas víctimas de una “estafa diabólica” que después de más de 15 años de trabajo y el dinero pagado estaban siempre en deuda con la compañía y en peligro de ser desalojados de las chacras que tenían. Entonces en 1941, a través del papa Pacelli, los colonos de Villa Regina, que vivían en una especie de “enclave” fascista en la Argentina, confiaban su destino al Duce. Él decidió la fundación de la colonia en 1924 y solamente él, ellos creían, podía “sin demora” arreglar las cosas. Sin embargo, la desesperación de los inmigrantes italianos difícilmente, en aquel momento, podría atraer la atención del dictador. Quien había llevado a Italia a la guerra tenía otros tantos problemas. Así, a pesar de los esfuerzos de monseñor Nicolás Esandi, el obispo salesiano de Viedma que se tomó a pecho la cuestión de las familias campesinas italianas del Río Negro (fue llamado el abogado de los pobres), los emisarios del fascismo y el ICLE, el Instituto Nacional de Crédito para el trabajo italiano en el extranjero, enojados por la intervención del prelado, continuaron como si nada hubiera sucedido y también acabaron creando una situación de evidente vergüenza entre las diplomacias de las dos orillas del Tíber, obligadas a compartir algunas “notas verbales” cuando la historia terminó en la mesa del secretario de Estado de su santidad interesado en el problema por la Embajada de Italia en la Santa Sede. De manera inaceptable, el Vaticano había sido señalado por el representante ICLE en Argentina como uno de los posibles compradores de los derechos de la Ciac en Villa Regina: la Ciac en 1938 entró en liquidación y fue adquirida por el ICLE que constituyó la Sacra, Sociedad Anónima Colonizadora de Reconstrucción Agraria, con el objeto de comprar los remates que fuera realizando el Banco Hipotecario. Documentos inéditos –en particular un largo y detallado memorial de monseñor Esandi– hallados entre los papeles de la Embajada de Italia en el Vaticano, más de 70 años después, echan nueva luz en un caso de tira y afloje entre los colonos y la compañía, que a principios de los años cuarenta alcanzó picos de tensión peligrosos para el orden público. El tema central de las notas diplomáticas es el papel del obispo Esandi, quien no sólo salió en defensa de los colonos con una intervención a favor de ellos ante el presidente de la República, los bancos y el ministro de Agricultura, sino que él llegó a confiar en el uso del ejército para bloquear el desalojo de familias campesinas de sus granjas en Villa Regina. En la apasionada actividad en apoyo de las reivindicaciones de los colonos que, en su opinión, después de “15 ó 17 años de incansable trabajo, tribulaciones y hambre” tenían una deuda contraída con la compañía que no podían satisfacer a causa de “intereses exorbitantes”, ¿el obispo había actuado en nombre del Estado pontificio? De esto, no tenía ninguna duda Edmondo Criscuoli, apoderado en Argentina del ICLE, gerente de la Ciac y presidente de la Sacra (SA Comercial de Reconstrucción Agraria), que interpretó a su manera la obra de monseñor Esandi en la disputa. Escribió al ICLE en Roma diciendo que el obispo de la Patagonia había intervenido en los asuntos de la compañía con el pretexto de proteger a los colonos y que su acción había provocado la interrupción de las prácticas de alojamiento y paralizado los cobros. Y yendo más allá, él vio en la acción del prelado los intereses del Estado papal en la compra de los derechos de la compañía en las “chacras” subastadas. Fue una clara distorsión de la realidad, esperable en un personaje particular, como se consideraba Criscuoli. Él gestionaba el ICLE en Argentina como cosa suya, sin ni siquiera informar a los vértices del Instituto italiano, con un semblante autoritario que no admitía interferencias en su trabajo. Según Ercole Graziadei, comisario ICLE que en 1946 fue a Villa Regina, emprendiendo una solución a la larga y dramática controversia, Criscuoli era un buen técnico, pero su arrogante intransigencia lo hacía un desastre en las relaciones humanas y esto había exacerbado el conflicto entre los colonos y la compañía y entre el ICLE y el gobierno argentino. Monseñor Esandi, “prelado venerable y digno” para las jerarquías del Vaticano, sin embargo, fue llamado por sus superiores para dar explicaciones. Lo hizo con un memorial largo y documentado el 2 de febrero de 1943 y dirigido a monseñor Giuseppe Fietta, nuncio apostólico en la Argentina. Como un buen pastor de almas, el obispo Esandi había escuchado el grito de dolor de las familias campesinas de Villa Regina y así, en la opinión del Vaticano, había “evitado las consecuencias dolorosas que de otro modo habría causado el conflicto”. De hecho, en el memorial, el obispo pasó por las etapas de sus intervenciones en apoyo a las razones de los colonos. Él tenía una idea precisa de la situación de Villa Regina. Varias veces fue bien recibido en la colonia. Conocía los problemas de los inmigrantes, sus anhelos, sus miedos. En 1941 se presentaron ante él, en una visita a la parroquia, cuarenta hombres desesperados, sin medios de subsistencia y a punto de perder los frutos de más de quince años de trabajo. Era la época en que el periódico “Solidaridad Obrera” y el diario antifascista “L’Italia del Popolo” en Buenos Aires lanzaban la alarma sobre el carácter dramático de la situación de Villa Regina y de los peligros que se avecinaban para cuatrocientas familias de inmigrantes italianos en riesgo de desalojo como resultado de los contratos leoninos que tenían que firmar. La Ciac y la Sacra trataban de hacer dinero de cualquier forma “a través de la nueva extorsión y recuperando las tierras valoradas con quince años de sacrificio”. El obispo Esandi le pidió explicaciones a esa delegación y aconsejó nombrar una “Comisión de defensa de colonos”. Luego, ilustró la difícil situación de las familias con el presidente de la República Ramón S. Castillo, quien lo animó: “Siga, yo voy a sostenerlo”. Después encontró atención en el Banco Hipotecario Nacional, donde el anciano presidente J. Pérez prorrumpió en estas palabras: “Todavía están molestando a esos pobres colonos de Villa Regina que ya han pagado cuatro o cinco veces su obligación. Aunque se reunieran a trabajar juntos por un siglo los abuelos, hijos, nietos y bisnietos, no podrán satisfacer las exigencias de la compañía colonizadora”. Todo estaba, pues, en las pretensiones ilícitas de la Ciac que había creado un sistema de explotación ultracapitalista. Fue entonces cuando monseñor Esandi estaba seguro de la “victoria a favor de los pobres colonos”. Los cuales, por consejo suyo, habían formado la “Comisión de Defensa”. Eligieron presidente a Giovanni Rotter (años más tarde acompañó desde Buenos Aires a Villa Regina al comisario de ICLE Graziadei, dispuesto a resolver la disputa) y un ejecutivo de la Ciac le dijo que él pagaría su elección. De hecho, siguiendo la historia de monseñor Esandi, la Ciac se ensañó con los cinco hermanos Rotter subastando las 25 hectáreas transformadas en el jardín más hermoso y en la más hermosa huerta en la colonia que fueron adquiridos por la Sacra. El pueblo se rebeló, unido y dispuesto a hacer cualquier cosa para salvar la propiedad de los Rotter. Villa Regina, para el obispo, estaba “en un volcán horrible”. Mejor, entonces, que el gobernador enviara a tiempo fuerzas armadas si se decidía desalojar a los Rotter: “Ninguno –explicó alarmado el obispo– puede contener la desesperación de los colonos”. La misma desesperación el prelado la encontró en el asunto relativo al colono Piubelli (Francisco), el primero que dio la alarma en 1925: “Fuimos engañados, nos han traicionado”. Ellos lo callaron, recuerda monseñor Esandi, ahora le estaban dando la razón. Piubelli fue desalojado en 24 horas a pesar de la protesta “ordenada y varonil”, pero luego un juez le dio un tiempo de pocos meses censurando la Ciac por lo que había hecho. Sí, el obispo Esandi, “amigo de los pobres desgraciados colonos”, había abrazado su causa. Pero nunca había actuado –aseguró solemnemente– en nombre de la Santa Sede. No entendía, entonces, por qué el ICLE había recurrido al Vaticano, pero él no se arrepentía de haber dado apoyo a “más de cuatrocientas familias italianas y otras de otras naciones, y luego otras tantas familias italianas que se sumaron por razones de trabajo, abandonadas en estas penosas circunstancias por las autoridades italianas”. Los emisarios fascistas en Argentina no toleraron, sin embargo, su demanda de justicia social. La vieron como una intromisión en sus negocios. Lo acusaron antes con el cardenal de Buenos Aires Santiago Copello, después trataron de avergonzarlo directamente al Vaticano. El obispo insistió en que él actuó en “carácter de consejero de los colonos” y no “en nombre de la Santa Sede”. Tantum sufficit, concluyó en latín. Eso fue suficiente. No pudo resolver el conflicto monseñor Esandi, pero bloqueó la agresividad de la compañía. Fueron necesarios más de casi diez años de lucha y lágrimas para poner fin a la pesadilla de las amenazas de desalojo. De hecho, recién en diciembre de 1950 comenzó la entrega de títulos de propiedad a los colonos.

 Publicado en Diario Río Negro, 23/01/2014.

https://www.rionegro.com.ar/monsenor-esandi-y-los-colonos-de-regina-XURN_1470689/

martes, 1 de noviembre de 2022

Bodega y Viñedo de Honorio Bertoli.

Bodega y Viñedo de Honorio Bértoli.

Don Honorio poseía una propiedad rural identificada como lote 3 de la Chacra N° 138 en la circunscripción municipal de Villa Regina, en la cual implantó un viñedo de 4,50 ha.
Eran tiempos en que el cultivo de la vid y la elaboración de vino hacían posible una unidad económica rentable a partir de la pequeña propiedad.
Una vez que el viñedo entró en producción don Honorio ya tenía construida la bodega, que se hallaba integrada por 10 piletas con una capacidad total de vasija vinaria de 88.710 litros, iniciando su actividad el 8 de mayo del año 1951. Bodega que estaba identificada en el Registro de Bodegueros de la Dirección de Vinos del Ministerio de Industria y Comercio de la Nación bajo el N° 2850 A.V.
Y así, en las postrimerías del invierno, don Honorio brindó con ese primer vino, hijo del sol que hace llover su fuego sobre los racimos del desierto, mosto generoso y vivificante que le trasiega armonía y paz al alma.
Don Honorio era una persona que tenía una concepción muy “borgeana” sobre el gusto del vino, expresaba que el sabor del vino no le pertenecía a la uva ni al paladar, era cuando se amalgamaban ambos que se percibía el gusto de la sacramental bebida.
A través de los años y conforme al incremento del consumo de vino en el país, don Honorio que tenía un concepto claro de empresario vitivinícola fue adquiriendo uva a viñateros de la zona y ampliando las instalaciones de su bodega; así, en el año 1956 la bodega incorporó 15 piletas llegando a 334.231 litros y en el año 1971 la capacidad total de vasija fue incrementada a 339.015 litros. La bodega quedó registrada en el Instituto Nacional de Vitivinicultura bajo el N° N 70136.
Ha elaborado vino de mesa tipo blanco, rosado, clarete y tinto que expendía en bordelesas y en damajuanas de 5 y 10 litros con la marca comercial Bértoli.
Después de atravesar la crisis de la década de finales de los años ’70, en el año 1981 esta bodega solicita ante el Instituto Nacional de Vitivinicultura la baja definitiva de la actividad.

 Del sitio

Afiches de bordelesas de vino de la Patagonia Norte

 
Federico Witkowski. 

Afiches de bordelesas de vino de la Patagonia Norte
 
Federico Witkowski

jueves, 27 de octubre de 2022

Río Negro: historia en Villa Regina de la primera fábrica de conservas del Alto Valle.


HISTÓRICAS
REGINENSES.

Río Negro: historia en Villa Regina de la primera fábrica de conservas del Alto Valle.

Hacia 1932 las chacras de Villa Regina, en la Provincia de Río Negro, contaban con una gran variedad de cultivos, predominando las viñas para la vinicultura, diversas clases de frutales y el cultivo de tomates. Estos últimos, debido a su excelente calidad, tamaño y riqueza en vitaminas motivaron que se pensara en su aprovechamiento industrial en el lugar.

Rápidamente se llevaron a cabo los estudios científicos pertinentes y se recogieron opiniones técnicas luego de pacientes análisis de las propiedades nutritivas de los tomates valletanos.

Así se llegó a la conclusión de que el tomate ocupaba por entonces un destacado lugar en la dietética moderna por ser uno de los alimentos más ricos en vitaminas A, B, y C. Un Informe ad hoc señalaba:

"A los niños de corta edad se les receta jugo de tomate como uno de los alimentos indispensables en el régimen nutritivo y especialmente cuando están sometidos a alimentación artificial. La dificultad con que se tropieza corrientemente en las ciudades consiste en obtener tomates madurados en la planta y a un precio económico. Es necesario, para resolver, obtener un extracto de tomate doble concentrado, rico en vitaminas, elaborándolo con frutas escogidas cuidadosamente y cosechado a punto de madurez".

Hasta 1932, año en que se resolvió levantar una gran fábrica de extracto de tomates, parecía existir en el país la creencia de que en la Argentina no era fácil conseguir un producto capaz de competir con el importado. Esa creencia se apoyaba en los ensayos hechos hasta entonces en Rosario y en otras partes del litoral, donde no se contaba con un fruto de alta calidad y de pronunciado matiz colorado, como lo exige la industria con el fin de excluir el empleo de ingredientes o colorantes perjudiciales para la salud.

No obstante, ese año el directorio de la sociedad anónima Torrigiani y Bagliani, formado por los Sres. Roberto Lanusse, Ernesto Aguirre, Dino Piazza, Felipe Bonoli, Carlos J. Botto, Mario Carnero, Juan Riddel, Genesio Perazzo, Saverio Mazzacurati y Juan M. Reyna, resolvió explorar las posibilidades de instalar una fábrica de conservas en Villa Regina, teniendo en cuenta no sólo la prodigiosa fertilidad de la tierra, las condiciones favorables del clima y la seguridad de contar con abundante fruto por tratarse de una zona de regadío, sino también por el hecho de existir 400 familias de agricultores allí radicadas que, además de realizar sus habituales tareas agrícolas , podían facilitar la mano de obra femenina, requerida con preferencia y en gran número durante el período de la cosecha y de la fabricación. Admitidas esas posibilidades se puso manos a la obra.

Al tiempo que surgía la fábrica en Villa Regina, con su chimenea de 43,50 mts. de altura, otras dos funcionaban en Colonia Alvear (Mendoza), una en las proximidades de Quilmes (Bs. As.) y otra en San Pedro (Jujuy). De modo que la capacidad de producción de las fábricas nacionales de conservas de tomates por esos años llegó a ser superior en un 20% al consumo medio anual.

Por lo que se refiere a la calidad, el producto argentino industrializado ganó prontamente prestigio y según opiniones autorizadas de la época no tenía nada que envidiar al de procedencia extranjera.

EL FUNCIONAMIENTO DE LA FABRICA.

Desde un radio no mayor de 10 km. del lugar en que funcionaba, la fábrica recibía los tomates cuidadosamente escogidos entre los que se hallaban a punto de madurez. Llegaban acondicionados en una suerte de cajones pequeños a los que se llamaba "gabbietes". Después de verificarse el peso de cada cajón en la entrada del establecimiento, la carga era depositada en una amplia planchada formando elevadas pilas, evitando que el producto tomara contacto con el suelo.

Paulatinamente, los cajones eran retirados del depósito y conducidos hasta los tanques de agua que renovaban constantemente su contenido. Allí se volcaban los tomates para su lavado y eran conducidos después, mediante una sinfin, a la máquina trituradora. Una vez triturado, el producto pasaba a una pileta donde era absorbido por bombas que lo llevaban a la máquina encargada de eliminar el hollejo y la semilla.

La pulpa del tomate era llevada entonces a otra pileta, de donde nuevas bombas la impelian hacia los "boules", en los cuales el producto permanecía cinco horas bajo la acción del vacío producido a vapor.

Luego, el jugo concentrado pasaba a varios recipientes que eran vaciados en un depósito, del cual pasaba a otra máquina para ser distribuido por distintos conductos hasta los tubos que se utilizaban para llenar los envases de distintos tamaños.

Llenadas así las latitas bajo esos tubos automáticos, eran llevadas a varias mesas donde un grupo de obreras verificaba su peso con auxilio de pequeñas balanzas y una vez comprobada o rectificada la exactitud del mismo, los envases pasaban a las máquinas de cierre hermético , luego de lo cual quedaban listas para su transporte a los centros de venta.

El resultado final era un extracto que mantenía todas las cualidades de frescura, perfume y color del fruto, conservando intactas las vitaminas del tomate. Lo único que se quitaba al fruto durante el proceso industrial era el agua y la piel.

La fábrica funcionaba en rígidas condiciones de higiene y empleaba habitualmente un numeroso personal compuesto por hombres y mujeres de Villa Regina.

La construcción fue hecha en 1932 por el Sr. Martignone y la primera elaboración de conservas se realizó en 1933, utilizándose 2.500.000 kgs. de tomate. Según testimonios de Don José Luis Moschini, la sociedad compró a la CIAC los dos galpones que ésta tenía frente al Salado y utilizó sus chapas para techar la fábrica.

Sabemos que la maquinaria era de primera calidad. Había sido comprada en Italia. Y también de allí se trajo desde un comienzo al encargado de armarla y mantenerla posteriormente: el Sr. Piccinini.

En el recuerdo de algunos pioneros se conservó indeleble la visión trágica de aquella granizada descomunal del año 1934 que hizo perder toda la fruta desde Mainqué hasta Chichinales, a consecuencia de lo cual los chacareros de toda esa zona debieron plantar tomates y traerlos luego a la fábrica. Eso significó la existencia de una larguísima hilera de chatas y camioncitos que iban desde la fábrica hasta el almacén de Justo Fernández Flores, donde hoy se halla el Supermercado Calipso, y que podían tardar hasta una semana para descargar, según testimonios de Don Aldo Caporalini.

Sabemos que hacia 1935 el gerente de la fábrica era el cavalliere Armando Mignami.

Aproximadamente hacia 1943 la fábrica fue vendida a la firma Fioravanti y Cía que la explotó durante varias décadas.

En los últimos tiempos pasó a propiedad del Sr. Miguel Fernández y finalmente a la empresa Servicios Vertúa S.A. quien utiliza sus instalaciones como depósito de maquinaria y automotores, entre otras cosas.

La fábrica fue la primera en su tipo en toda la Patagonia siendo luego seguida por muchas otras. Dos o tres recuerdos de ella, hacia los años 50:

Los obreros y obreras yendo en bicicletas a tomar el trabajo todas las mañanas y su regreso al mediodía en caravana y la repetición del ciclo por la tarde. La imponente figura de la chimenea , monopolizando exclusivamente por entonces su vocación aérea y el clásico sonido de la sirena de la fábrica, marcando el inicio y cierre de cada turno, lo cual era aprovechado por todos para saber la hora exacta, en aquellos tiempos en que no había casi polución sonora en el ambiente local y por eso parecía que la sirena sonaba muy fuerte y se podía escuchar desde muy lejos.

FUENTE:
El Texto pertenece a una publicación del diario LA NACION, con fecha Martes 6 de marzo de 1934.
El mismo fue adaptado a la narración en tiempo pasado incluyendo agregados de investigación por parte de la Municipalidad local, ya que su finalidad es exclusivamente divulgativa.
En el Museo Comunitario de Villa Regina se encuentra expuesto en un panel el texto original.

http://www.turismo530.com/noticia_ampliada.php?id=6973
Publicado en "El Reginense" Guillermo Pirri Argentino, noviembre del 2010.

sábado, 22 de octubre de 2022

22 OCTUBRE DE 1933: nueva Comisión de la Comuna.

 



22 OCTUBRE DE 1933.

Queda integrada la nueva Comisión de la Comuna (consta en Acta Nro. 98), en la siguiente forma:


Presidente: Emilio Bignami
Vicepresidente: Guido Rossati
Secretario: Antonio Della Schiava
Tesorero: Alfonso Fiordelli
Vocal: Luis Berola
Se nombra Secretario, al señor José Spinzi.
* Fuente de información: "Historia de Villa Regina y sus memorias" de Franco Gonzálezpág. 257.

miércoles, 12 de octubre de 2022

Maestro Manuel Varas. Esc Nº 52 y alumnado.

 La escuela nacional mixta Nº 52 de Villa Regina fue inaugurada el día 12 de Octubre del año 1925, en el territorio de Río Negro, a solo un año después de la fundación de la Colonia Regina Alvear.

La construcción del edificio estuvo a cargo e iniciada por la compañía ítalo-argentina de colonización cumplimentando otro de los puntos convenidos con los colonos con quienes se comprometieron a proveerles de la educación de los hijos.

La escuela Nº 52 comenzó a funcionar a mediados de octubre de 1925. El primer director fue Juan Manuel Varas se desempeñó también como maestro.

El 28 de agosto de 1919 asumió como director del Señor Guillermo Pérez y años más tarde la escuela recibió el nombre: “Bartolomé Mitre”.

Maestro Manuel Varas. Esc Nº 52 y alumnado.
Gentileza: Juan Carlos Apis.