martes, 14 de marzo de 2023

En 1937 el Padre Marcelo Gardin dejó Villa Regina otras misiones lo esperaban, esta vez, en en el norte neuquino, su destino era Chos Malal.

Las Ovejas se caracteriza por contar con la fiesta religiosa más importante del norte neuquino: San Sebastián, un evento que congrega todos los años a miles de peregrinos y devotos, que se dan cita en la localidad para agradecer, pedir o simplemente venerar al “mártir de la Iglesia”.
San Sebastián fue promocionada en el Congreso Internacional de Santuarios y Turismo Religioso con la intención de posicionarla como una opción para el potencial turista.
Santiago del Estero fue sede del Congreso Internacional de Turismo Religioso, que organiza el Ministerio de Turismo de la Nación, encuentro que comenzó el 15 de junio y terminó el domingo. Allí estuvo el intendente de Las Ovejas, Vicente Godoy, quien fue uno de los oradores, dando a conocer la fiesta de San Sebastián.
Godoy expuso sobre la importancia de esta fiesta, que desde hace más de 70 años viene convocando a miles de devotos y peregrinos que año a año concurren a Las Ovejas, transformando esta festividad en uno de los eventos más importantes de la provincia y de la Patagonia, en materia religiosa.
Promocionar la fiesta.
“Participar de este congreso, nos permite difundir y promocionar la fiesta de San Sebastián y posicionarla dentro de las opciones de un producto turístico religioso”, indicó el intendente, quien agregó que también les permite “aprender e intercambiar experiencias para implementar en Las Ovejas, fortaleciendo de esta manera el desarrollo económico y social de la comunidad”.
El jefe comunal dijo que este tipo de actividades resulta sumamente productiva, porque los santuarios y fiestas religiosas despiertan cada día una mayor atracción turística, a tal punto que en muchos casos se han organizado para recibir visitantes y prestarles servicios con visitas guiadas o recorridos informativos”.

El congreso contó con la participación de referentes de España. Chile, Argentina, Bolivia, Portugal, Colombia, Brasil y Paraguay.
Publicado en Diario "Río Negro", 20/06/2017.
En 1942 llega el primer misionero salesiano Padre Gardin, estableciendo en cada una de las comunidades formadas, una capilla con su patrono. 
En Las Ovejas se establece por pedido de la comunidad a San Sebastián como su patrono.
El Padre Marcelo Gardin fue el Primer Parroco de la Colonia Regina entre los años 1928 al 1937.
En el año 1944 se realiza la construcción de la primera capilla hecha de adobe, techo de carrizo y todos sus accesorios de madera de álamo. Materiales y procedimientos típicos de la época y el lugar, pidiendo colaboración a toda la población para su realización.
Viendo que la devoción a San Sebastián crecía don Alfonso Solís viajo a Yunbel (Chile) y trajo la imagen del santo hasta San Fabián (Chile) y luego cuando volvió a Las Ovejas encomendó a don Juan Méndez que la fuera a buscar, el cual la trajo a lomo de burro hasta la iglesia del pueblo.
Desde ese entonces esa imagen pertenece a Las Ovejas, después se construyo una nueva iglesia en el año 1981, que es en la que actualmente se encuentra la imagen de San Sebastián.
Fuente de información: http://neuquentur.gob.ar - Imagen: ¡BIEN DE REGINA!
EL PADRE GARDIN EN EL NORTE NEUQUINO Y EL CULTO A SAN SEBASTIAN. 

El Padre Marcelo Gardin, líder, pionero, organizador, adelantado, creador de la infraestructura de la Iglesia misionera del norte neuquino, a quien su biógrafo, el P. Oscar Barreto, designa como “el último de los grandes misioneros en la Provincia del Neuquén y la Patagonia” (Barreto, 1985: 178).

En 1937 el Padre Marcelo Gardin dejó Villa Regina otras misiones lo esperaban, esta vez, en en el norte neuquino, su destino era Chos Malal.

Toda una colonia agradecida despidió a su primer cura párroco QUIEN DURANTE NUEVE AÑOS supo ganarse su lugar y cariño de los primeros pobladores reginenses que lo despidieron en la estación cuando tomó el tren rumbo a Zapala. Luego de su partida fue nombrado el Padre Pascual Marchesotti.
EL PADRE GARDIN Y LA FIESTA DE SAN SEBASTIAN EN LAS OVEJAS (NEUQUÉN) Y UNA HISTORIA LLENA DE MISTERIOS. 
UNA FIESTA QUE SIGUE HASTA EL DÍA DE HOY. GARDIN UN PIONERO PATAGÓNICO.
“En Chile, el lugar privilegiado de su culto es en el pueblo de Yumbel, adonde acudían todos los 20 de enero crianceros del norte neuquino a ‘pagar la manda’ y agradecerle las gracias concedidas. Por el año ’45, cerrada la frontera y con la vigilancia estricta de Gendarmería, lo que antes era un comercio habitual y un tránsito fluido se convirtió en contrabando. El padre Gardín, con buen tino, comenzó a levantar una humilde capilla en Las Ovejas que pronto se convirtió en el centro de las peregrinaciones de la zona norte. Pero se necesitaba una imagen del santo, ‘de bulto tenía que ser’. El lugar más apropiado era traerlo de Chile, pero los gendarmes no dejaban pasar a nadie. El misionero encargó a un poblador que hiciera lo imposible para traerse una estatua del santo. Con gran riesgo, lo consiguieron de contrabando, pero para disimular lo llevaron a Chos Malal y de allí lo trajo el misionero como que se lo habían mandado de Bahía Blanca. Nadie se creyó ese viaje y menos los gendarmes que pusieron una denuncia de contrabando en contra del misionero y querían incautar al santo. Y aunque todos sabían que San Sebastián había sido traído de Chile – sólo se le rompió un dedo- nadie pudo comprobar el contrabando y dicen que desde entonces el santo adquirió fama de ayudar muy especialmente a los contrabandistas.”
Según esta versión, pasarlo por Pichachén permitió que la imagen arribara primero a la misión salesiana, en Chos Malal, y desde allí el misionero salesiano Marcelo Gardin pudo enviarla a Las Ovejas pretextando que la había comprado en Argentina.
No es claro por qué la imagen de San Sebastián, se trajo desde Yumbel. Una de las versiones dice que el Padre Pío Gardin, misionero salesiano y párroco que operó desde Chos Malal entre 1947 y 1970, quería que cada población tuviera su capilla con el correspondiente santo patrono. Se le atribuye fomentar la construcción de 16 en la zona. La imagen de San Sebastián en Las Ovejas estaría dentro de esta lógica, como la de Los Menucos, dedicada a San Juan, o la Virgen de Andacollo para la ciudad homónima. En base al diario y demás notas que Gardín escribía, alega que el misionero fue personalmente a Chile a buscar la estatua.

TESTIMONIO DEL MONSEÑOR  JAIME FRANCISCO DE NEVARES, OBISPO DE NEUQUÉN. 
El Monseñor Jaime Francisco de Nevares (Obispo de Neuquén) manifestaba: “He tenido la dicha de poder compartir mi apostolado con el Padre Marcelo Gardin. Ha sido para mí un modelo de pastor. Llamado por Dios a ser Misionero, continuó con gran celo apostólico la obra de los grandes salesianos que evangelizaron la Patagonia. El conocía como nadie a sus “ovejas” y las “ovejas” lo conocían a él. Era el Evangelio Viviente era el Maestro de la Fe. ¡Así lo he conocido, como UN HOMBRE DE DIOS! A Dios iba él y arrastraba en pos de sí a todos los que le rodeaban…”
De lo publicado en ¡BIEN DE REGINA!
Para mayor información del Padre Gardín:
Publicado en
GPA Guillermo Pirri Argentino, 2017.

martes, 7 de marzo de 2023

Cuándo para viajar a Valle Azul se utilizaba la balsa de la Isla 58.

 

Foto del sitio: BusArg.

Colectivo de empresa Ko-Ko realizando un recorrido entre Valle Azul, Chichinales y Villa Regina, que requería el cruce en balsa del Río Negro.

Regina – V. Azul: Koko usó la balsa de la Isla 58 que instalaron en el río en 1977, hasta que llegó el puente – Foto: BusArg.

martes, 14 de febrero de 2023

Viñedos y Bodega LA CERDEÑA S.R.L. de Antonio Daga.


Viñedos y Bodega “LA CERDEÑA” de Antonio Daga.

Don Antonio Daga, nacido a mediados de la última década del siglo XIX, era oriundo de la isla de Cerdeña, en el sur de Italia, arribó a la Argentina con 15 años cumplidos en compañía de un tío, fue en los años previos a la Primera Guerra Mundial. Desde la Estación Retiro partieron en tren con destino a la provincia de San Luis, donde ambos se emplearon para trabajar en unas canteras de mármol ónix.
El motivo esencial de las inmigraciones, como lo expresara el escritor italiano Edmondo De Amicis (1846 – 1908) –autor de libros de viaje y de la famosa novela “Corazón”–, ha sido “migro per mangiare”.
Al desatarse en 1914 el conflicto bélico mundial llamado en su momento la Gran Guerra, este inmigrante sardo imbuido de un ardiente patriotismo fue uno de los 32.430 italianos radicados en Argentina que decidieron regresar a su país natal a fin de incorporarse al ejército de su patria para luchar en tal conflagración (Eugenia Scarzanella, 2007), algunos lo hicieron como soldados voluntarios, tal el caso de él, y otros convocados por la Embajada itálica para combatir.
Don Antonio, que había contraído matrimonio en Italia, retornó con su mujer e hijos a la Argentina en la década de 1930 con el firme propósito de adquirir una chacra en Villa Regina, para llevar a cabo su proyecto personal que lo ilusionaba desde que había pisado suelo argentino por primera vez, el cual consistía en implantar vides y erigir su propia bodega.
El protagonista de esta crónica conforma un emprendimiento familiar al que denomina Viñedos y Bodega “LA CERDEÑA” de Antonio Daga. Según la Guía Comercial del F.C.SUD, OESTE y MIDLAND, para la vendimia del año 1942 esta bodega había elaborado 40.000 litros de vino. En el afiche primitivo de la bodega aparecía VILLA REGINA – F.C.S.
El vino elaborado era principalmente tipo clarete, envasado para su distribución en bordelesas. La venta del mismo la realizaba en la región del Alto Valle de Rio Negro y Neuquén, enviaba a Bahía Blanca y su zona de influencia y, asimismo, efectuaba su distribución en la Línea Sur rionegrina.
Don Antonio iniciaba su jornada laboral a la hora que el amanecer llegaba lentamente, en el horizonte hacia el oriente asomaba una pequeña luz que se iba expandiendo y la Cruz del Sur empezaba a desvanecerse. Era una persona para quién el trabajo constituía su razón de vida, que pudo rozar la tarde con las yemas de los dedos. Su vida ha sido una peculiar historia de coraje, voluntad y sacrificios, marcando un derrotero de conducta para las próximas generaciones.
En el año 1953 se constituyó la sociedad Viñedos y Bodega LA CERDEÑA S.R.L., como una estrategia de trabajo familiar.
A partir del año 1958 esta bodega quedó registrada en el Instituto Nacional de Vitivinicultura bajo el N° N 71041.
Los vinos elaborados tipo claretes, blancos y tintos a principios de la década del ’70 empezaron a ser fraccionados en damajuanas de 5 y 10 litros y expendidos con la tradicional y acreditada marca comercial Viñedos y Bodega LA CERDEÑA S.R.L.
Su última elaboración se registró en el año 1992 y el cese definitivo de actividades otorgado por el Instituto Nacional de Vitivinicultura fue el 3 de febrero de 1994.
Un especial agradecimiento a mi ex alumno y colega Guille Daga que me envió el escaneo de los afiches.
Publicado en Afiches de bordelesas de vino de la Patagonia Norte de Federico Witkowski.



sábado, 4 de febrero de 2023

Markan Mihaljevic: "Le estoy agradecido a la Argentina".

 

Markan Mihaljevic: "Le estoy agradecido a la Argentina".

Llegó a Regina con su abuela cuando tenía 4 años. Aquí vivía su abuelo desde hacía más de dos décadas. A los 16 ya trabajaba la chacra solo y armó su empresa, "Frutas El Chúcaro". También es ganadero. Pasó 30 años sin ver a sus padres, pero pudo cumplir el sueño de llevar a su familia a Bosnia-Herzegovina.

Markan Mihaljevic llegó de Yugoslavia a la Argentina cuando tenía 4 años. Vino con su abuela. Su abuelo había comprado seis hectáreas de un sobrante de la Compañía Ítalo Argentina de Colonización en Villa Regina. Los esperaba con la tierra comprada. ¡Hacía 22 años que no veía a su mujer! Sólo un inmigrante puede entender ese tiempo y esa distancia.

Su abuelo, Marko Vuksic, había venido al país en 1928. Era croata, de la región de Bosnia-Herzegovina. Estaba casado con Matija Herceg y tenía una hija, Mila. Viajó solo con la promesa de juntar dinero para traerlas con él. Cuando llegó a la Argentina el mundo se sacudía por la primera gran crisis del capitalismo mundial. Marko trabajó en la construcción de diques en Córdoba y, cuando logró juntar dinero para comprar los pasajes para su familia, comenzó la guerra y no pudieron salir de Europa. "Mi abuela se las arregló como pudo -relata Markan-: trabajó en una fábrica de tabaco, sembraba verduras para la casa, tenía una vaca, dormíamos en la casa con los cerdos para cuidarlos del frío...".

Su abuela recibía cartas de su esposo desde América y, como no sabía leer, buscaba a alguien que lo hiciera por ella. Durante la guerra estuvo diez años sin recibir correspondencia alguna. Ella, muy religiosa, rezaba para que su esposo estuviera vivo.

"Fue pasando el tiempo; mi mamá creció y se casó, sin ver a su padre. Yo nací en 1949; había terminado la guerra". Tras la finalización de la Primera Guerra, que estalló en Sarajevo, su tierra adoptó el nombre de Yugoslavia. Durante la Segunda Guerra el territorio de Bosnia y Herzegovina fue anexionado por el Estado fascista croata (1941-1944). Derrotado el Eje, volvió a formar parte de Yugoslavia como una de las seis repúblicas constituyentes de la República Popular Federativa.

"Mi papá, Stanko Mihaljevic, también era croata, de una aldea cercana a la de mi madre -relata Markan-. Allá es una costumbre que al casarse el hombre reciba una vivienda de parte de su familia y la esposa, todo lo que necesita para adentro de la casa de parte de la suya. Así que mi mamá se fue a vivir a la aldea de mi padre. Se acostumbraba a vivir en familias de 20 ó 30 miembros, con un jefe.

"Nací yo y al poquito tiempo mi mamá volvió a quedar embarazada. Ella se angustió mucho; no tenían posibilidades de alimentar a dos niños. Entonces mi abuela materna, que vivía a unos tres kilómetros de ella, le dijo a mi madre que no se preocupara, que ella me alimentaría a mí y que ellos se ocuparan del bebé que venía. Así, mi abuela empezó a criarme a los once meses. Mi mamá me veía todos los días, pero yo vivía con mi abuela. Ella había tenido dos hijos, mi mamá y otro nene que se había muerto de chiquito... y yo me quedé con ella. Nació mi hermana Ana".

Cuando Markan tenía cuatro años su abuelo le mandó la llamada a su abuela. Habían pasado más de dos décadas sin verse. "Mi abuela ya estaba encariñada conmigo y dijo que venía a América sólo si yo viajaba con ella. En Yugoslavia la situación era compleja. Le preguntó a mi mamá si podía traerme y mi mamá no pudo decirle que no. Además, la idea de mi abuelo era que luego vinieran mis padres y mi hermana acá. Viajé con mi abuela y llegamos a esta chacra donde aún vivo. Poco tiempo después mi abuelo hizo los trámites para que viniera mi madre con su familia, pero mi papá no quiso. Quedamos separados para siempre.

"Fui creciendo; con cariño, con todo... pero con un resentimiento. No podía entender que mi mamá me hubiera regalado. Me acuerdo de que era chico y les preguntaba a algunas mujeres si ellas lo habrían hecho con sus hijos. Tardé años en entender a mi madre, en entender que mi padre no tuvo lo suficiente para alimentar a todos sus hijos...".

Cuando llegaron a Villa Regina Marko estaba emparejando la tierra. "Acá había un poco de uva y un poco de fruta. Tenía una casita precaria y el nogal inmenso que todavía nos da sombra y nueces. Vinimos en 1953. Se ve que mi abuelo estaba muy enamorado porque esperó a mi abuela todos esos años. Otras mujeres amigas de la casa contaban que todo ese tiempo había sido el monumento a la fidelidad. Mi abuelo había trabajado mucho, en su chacra y en otras, plantando tomates para progresar. Mi abuela igual sufrió el desarraigo, dejó a su única hija, su aldea... murió pidiendo que la llevara a su casa. Yo empecé la escuela acá, en la Nº 105, donde aprendí a hablar en castellano".

Cuando Markan cumplió 12 años volvió a su tierra con sus abuelos. Tenía tres hermanos más que no conocía, los mellizos Mladan y Zora y un hermano menor, Goyko. Pero ése no sería el único encuentro. Marko veía a su única hija después de 30 años. "Todos éramos un poco desconocidos, mi mamá con su papá y yo con mis padres -cuenta Markan-; yo les pedía permiso a mis abuelos para todo. Mi mamá se enojaba pero era así, tardé en acercarme".

Cuando llegó el momento de regresar a la Argentina, el drama se volvió a repetir. El abuelo le preguntó a Markan qué quería hacer, si quedarse con sus padres o regresar con ellos a la Argentina. Markan pensó unos segundos y decidió volver con sus abuelos. Recuerda que vio a su madre llorar hasta que partieron.

Después llegó la adolescencia y una crisis. Sentía que estaba enojado con sus abuelos, con su papá, que tenía una herida abierta.

Aprendió a escribir en su lengua, que habló siempre, para poder mantenerse comunicado con su madre, a quien escribió todos los meses a lo largo de tres décadas, porque ese tiempo tardó en volver a ver a sus padres.

Cuando Markan tenía 16 años su abuelo murió. En 1965 quedó solo con su abuela en un país ajeno y con las responsabilidades de un adulto. "Mi abuela no lo pasó bien; migrar no es fácil para los mayores. Éste era un país muy distinto, con otra lengua y otras costumbres. Ellos, pese a tanta distancia, se querían y no fue fácil cuando él murió. No conocíamos a nadie, para mi abuela fue duro. Empecé a manejar la chacra y me fui dando cuenta de algunas cosas que me permitieron salir adelante. Por una parte terminé de criarme y también de criar a mi abuela, porque fue así. Ella trabajaba en la chacra conmigo, lo único que sabía hacer era trabajar; vivió hasta los 87 años. Un poco antes de morir se perdía y me preguntaba cuándo íbamos a casa... se refería a la casa de su aldea. Tanto insistió, que un día le dije que la iba a llevar. Saqué la valijita de cuero con la que habíamos venido a la Argentina y la llevé a la estación de tren. Los trenes ya no pasaban. Esperamos y esperamos. Hasta que se cansó y dijo: 'Parece que el tren no viene; vamos'. Y cuando llegó a la chacra empezó a reír: se había dado cuenta de todo".

Markan aprendió a manejar la producción y a evitar los intermediarios para hacer la actividad rentable. Le encantaba la tierra, lo hizo con gusto. Y fue mucho mejor cuando el esfuerzo empezó a dar sus frutos. "Para mi abuela estaba bien entregar la producción y esperar que te pagaran; para mí no, no me gustaba ir a pedir mi plata y tener que dar explicaciones sobre en qué la iba a gastar. Pude independizarme y desde entonces le vendo a Mihaljevic únicamente. Cuando cumplí 20 le dije a mi abuela que si ella quería seguir entregando fruta lo hiciera, pero que yo me abría. Ella tenía miedo de lo que iba a pasar el año que siguiente... miedo por mí. Entonces aceptó: 'Haga como queri', me dijo. Entonces mandé por primera vez 30 cajones de ciruelas a un conocido de Rosario y por primera vez a la semana tuve el efectivo. Le mostré a la abuela y empezó a confiar. Seguimos así hasta que vendimos toda la fruta solos. Hoy vendo las manzanas al mercado interno y las peras, a Brasil".

Con el tiempo reconvirtió, puso variedades nuevas y multiplicó la tierra. "Sabía que con seis hectáreas no iba a andar, así que planté más. Hace poco compré un campo en Valle Medio; tenemos terneros que vendemos en pie", cuenta orgulloso.

A los 19 años Markan conoció a su esposa, Estela Amelia Román. Ya la había visto antes, en la chacra de unos tíos. "Estaba tendiendo ropa... ¡estaba tan linda! -recuerda-. Yo no sabía qué decirle para acercarme hasta que se me ocurrió preguntarle: '¿No me convidás un racimo de uvas?' (risas). Me dijo que sí y empezamos a salir.

"Siempre fui de la idea de que cuando se agranda la tribu hay que agrandar la toldería, así que lo primero que hice fue agrandar la casa y después fui comprando tierra; primero otra chacra en la cuarta zona, después otro pedazo... y así fui plantando manzanas y peras. Nunca un crédito, siempre reacio a pedirlos. A los 22 años me casé -continúa Markan- y mi esposa vino a vivir a esta casa. Cuando llegamos la abuela la llevó a la cocina y le dijo: 'Ahora la que manda aquí es usted' y nunca más se metió allí. Tuvieron una relación muy linda. Poco después llegaron los hijos: Silvana Lorena, que actualmente es profesora de Economía en Bahía Blanca; Horacio Daniel, ingeniero agrónomo -mi mano derecha- y Silvia Laura, quien también estudia Agronomía".

En la Argentina Markan cumplió sus sueños, pero tenía una deuda consigo mismo: volver.

"Mi familia me convenció, a veces me ponía mal y ellos insistían en que tenía que ir a ver a mis padres. Junté plata y finalmente en 1990 viajé solo. ¡Había pasado 30 años sin verlos! Recuerdo que llegué como a las 11 de la noche. Me esperaba toda la aldea. Hicieron correr la voz de que iba el hijo de Mila de la Argentina, el hijo de América... todos sabían mi historia, la aldea era como una gran familia. Eran las cinco de la mañana y uno preguntaba una cosa, otro preguntaba otra, y dale que dale. Me acosté al amanecer y cuando desperté al día siguiente mi mamá estaba sentada al lado de mi cama. Me miró y me dijo: 'Hijo, ¿vos querés saber por qué te di?'. Yo le contesté que para eso había ido. Y con toda paciencia me contó. Me dijo que pasaban hambre y que había sufrido mucho por todo, sobre todo por la impotencia de no poder cambiar la realidad. Ellos no podían alimentar a dos niños en ese momento, etcétera, etcétera.

"Bueno, pasaron los días, los vecinos venían a verme, me contaban cosas de mi infancia, vi el lugar tan pobre donde había nacido entre las piedras (allí las casas eran de piedra), recordé la comida que me daba mi mamá, que era como una fécula revuelta con agua hervida, horrible, tan horrible que prefería el hambre a comerla... y, entre una cosa y otra, mi padre estaba como esperando que yo le preguntara algo. En ese momento yo tenía hijos y pude entenderlos. Era mejor tener un hijo vivo lejos que un hijo muerto al lado. Tardé 30 años en comprender, en saber que ellos también habían sufrido.

"En ese viaje sentí por primera vez que ya no tenía bronca y lloré tanto que me enfermé. Perdí el apetito completamente. Me asusté y decidí volver. Aquí sané. Pese a todo, había sido un viaje liberador. A los pocos años logré que viniera un hermano a verme, el menor. Y mi siguiente objetivo fue que mi familia de acá conociera a mi familia de allá. Fui ahorrando y viajamos en 1999. Fue un viaje lindísimo; mis hijos se entendieron con primos y tíos y hoy están conectados todo el tiempo por teléfono o por mail. Volví feliz, sentí que la historia continuaba, que empezaba el futuro".

La última Navidad Markan viajó con su hija para pasarla con sus padres. Siente que se está despidiendo de ellos, que ya son grandes, pero también -como en cada uno de sus regresos a la Argentina- que vuelve a su hogar: "Yo le estoy muy agradecido a la Argentina. Vinimos a llenarnos el estómago, sí, pero este país me dio todo. Hice una linda familia, tengo buenas amistades y me fue bien trabajando honestamente... ¿qué más puedo pedir?" -concluye-.

Entrevista: SUSANA YAPPERT.

Publicado en Historias de vida - Suplemento “El Rural” del Diario “Río Negro” - Sábado 26 de Abril de 2008.

http://www1.rionegro.com.ar/diario/rural/2008/04/26/12482.php